viernes, 17 de agosto de 2012

Y vuelta otra vez

No, no hay nada que hacer. El nombre Fundamentos nunca me terminó de resultar propio. Es ese raro LolaGuinda, que tuvo este blog desde su origen, el que le sigue pegando en mi cabeza. Así que vuelta otra vez. Uf...

Gracioso, es el tercer cambio radical que hago y que termino anulando. El primero fue irme a Francia, el segundo fue cortarme el pelo. Me hizo falta probar otra cosa, para darme cuenta de cuánto quería lo que tenía. Otras muchas cosas cambié para no regresar.

A menudo me avergüenzo de andar tan inconsciente de mis propios gustos; los otros parecen tan seguros! Lo serán realmente, o, como tantas cosas íntimas, uno se creerá siempre el único en conocerlas cuando son compartidas por media humanidad...? Mis vueltas se ven, porque las revelo sin tapujos. También se ven porque las hago; cuántos temen cambiar?

viernes, 3 de agosto de 2012

La tabla de frutas

Nos dicen mucho que tenemos que comer más frutas y verduras. Y no sólo nos lo dicen, sino que cuanto más investigo en el tema, más me convenzo de que es —dramáticamente— verdad. Fuente de nutrientes y micronutrientes esenciales para nuestra especie, su carencia en nuestra dieta es causa de múltiples males.

De hecho, a muchos de nosotros nos encantan las frutas, y también las verduras. Sin embargo, a veces las vemos en la frutera, pensamos: "Con gusto me comería una pera", pero resulta más sencillo agarrar un yogur en la nevera. ¿Por qué? Porque la fruta hay que lavarla, o pelarla, te pegotea las manos, te chorrea la manga, está fría, está fea, no quieres una entera, etc., etc.

Otras veces, nos damos el trabajo de cocinar una buena receta con verduras. Nos pasamos una hora en la cocina lavando, pelando y cortando mientras los otros hacen sus cosas. Y cuando llegan a la mesa, los niños dicen: "Beh, qué es eso, no me gusta". Nos peleamos con ellos, interiormente reconocemos que no nos quedó tan rico, y encima hemos hecho un montón y va a sobrar para dos días.

¿Cuántas veces me pasó a mí, a la hora de preparar la cena, contemplar en la nevera los puerros y repollos amorosamente comprados en la feria, suspirar de cansancio ante la idea de pelarlos, y hacer unos tallarines con queso en su lugar...?

La cosa está dura, no seré yo quien lo niegue. Pero ante las cosas duras, hay un recurso, que seguramente habrán oído: empezar por algo chico. Y también hay otro: divertirse.

No me acuerdo cómo me llegó la idea que transformó la forma en que toda la familia empezó a comer frutas y verduras. Pero fue exactamente eso: apenas un esfuerzo, y un momento entretenido para todos.

¿En qué consiste? En sentarse a la mesa a la hora de comer, con una gran tabla de cortar y un buen cuchillo. A un lado, la frutera; al otro, un bol para desechos; y empezar a cortar una manzana.

Entra un niño con incipiente hambre. "¿Puedo? —Claro que sí. —¿Y puedo ese otro? —Dale."

Después de la manzana corto un plátano. Y, dejando siempre los trocitos bien ordenados sobre la tabla, ahora ataco un kiwi.

Llega el hermano a ver qué pasa, y —¿cómo no?— se tienta también. Vamos picoteando los tres a medida que corto. Me pasan encargos: "¿Pelo más kiwi? —¡Sí! —¡Y yo quiero naranja!"



¡Qué ricos que son los vegetales recién cortados, verduras y frutas por igual, incluso sin aderezo...! ¿Nunca les ha tentado robar trocitos mientras se preparaba la comida? ¿Y nunca les han dicho de parar, que no quedaría para la ensalada...?

Un plato lleno puede intimidar, no corresponder a las ganas, o aburrir. Un buffet tiene la ventaja de dejarte a tu antojo. A lo mejor terminas comiendo lo mismo, pero es otra impresión, elegiste cada bocado. Si esas mismas frutas las hubiera cortado a solas, metido en boles y servido para el postre, chances hay que mis comensales me decían: "No, gracias, prefiero helado."

El esfuerzo es mínimo: sacar la tabla, el cuchillo, el bol. Capaz que pelarás una sola verdura, lavarás los implementos, y listo. Si terminas pelando más, es porque los comensales —y tú mismo— lo quisieron. No hay preparación complicada, si hay algún rechazo no importa, no hay mucha sobra posible, no hay trabajo solitario. Aunque seas tú el único que trabaje, estás en compañía, comiendo con los otros.

De hecho, no fui la única en trabajar por mucho tiempo: mi hijo mayor pronto tuvo ganas de cortar él también, así que compré un segundo cuchillo, y vamos cortando juntos. Yo pelo, él corta; o hacemos concurso de la rodaja más perfecta. Y el menor, que no tiene afán de contribuir, hace de juez goloso.

La tabla de frutas se nos ha convertido en un rito de cada tarde. La hacemos con verduras por igual: tomates, zanahorias, pepinos, lechugas, rabanitos, paltas... todo lo que hay de rico en la feria sirve.

A veces le agregamos un pocillo de un aceite rico o una salsita casera, a veces otro de sésamo o hierbas, y mojamos los bocados en ellos.

A veces hacemos tablas mixtas, con algo de queso, jamón, pescado crudo... O ponemos al lado pocillos con aceitunas, nueces, frutos secos...

A veces hacemos fiesta porque traemos una fruta exótica: un mango, unos litchis, unos tupinambos...

Si algo necesita ser cocido, entonces se cuece mientras empezamos con lo crudo. De hecho, en general pongo a cocer un arroz, quinoa o papas, y lo comemos para terminar. Y eso es nuestra cena.

Con los invitados adultos también la tabla tiene mucho éxito. Después de todo, es común, para el aperitivo, que te ofrezcan quesos y fiambres en una tabla, y los vayan cortando mientras conversan... Hacerlo con verduras y frutas no es más difícil.

La clave es tenerlas lavadas y ordenadas en una fuente al lado de la tabla, y no olvidar el bol para desechos y un pañito ligeramente húmedo para limpiarse las manos (los dos pueden colocarse, para más elegancia, en una mesita más baja visible sólo para el anfitrión). Es buena idea poner tenedores para servirse.

Ultimamente, hemos extendido la tabla de frutas al desayuno. Y ahora, cuando estoy sola para comer, ya no me da hesitación. Me siento delante de mi tabla con mi cuchillo, y voy cortando lo que se me antoja.

Estimo que comemos dos o tres veces más frutas y verduras que antes.

viernes, 20 de julio de 2012

Casa limpia


Durante mi año y medio en Francia, aprendí a mantener mi casa con un pequeño juego de productos completamente naturales, inocuos, económicos, y encima bastante más eficientes que los convencionales. Después de esta experiencia, no puedo evitar preguntarme con qué fuerza de marketing éstos últimos habrán logrado apoderarse del mercado...
Aquí les presento mis productos de limpieza:
1) Bicarbonato de sodio.
Sí, el mismo que sirve para calmar dolores de estómago y levantar queques. Desengrasante potente, blanqueador, desodorizante. Precio: lo compraba a granel en la ferretería a 4,5€ el kilo, o sea 3000 pesos chilenos.


2) Vinagre blanco.
Desinfectante y anti-sarro. Menos de 1€ (650 pesos) el litro.


3) Jabón.
Desinfectante y desengrasante. A diferencia del bicarbonato de sodio, su componente graso hace que también nutra, cuide y perfume ligeramente las cosas. De ahí el interés de elegirlo basado en puro aceite vegetal de buena calidad. No todas las marcas ofrecían este nivel de pureza, por lo que me decanté por los de Marius Fabre. Yo usé jabón de Marsella (4,10€ o 2600 clp el cubo de 400g), y jabón negro (7,5€ o 4900 clp el frasco de 1l). Las propiedades de los dos son similares y se pueden intercambiar las más de las veces. También hay Marsella líquido y en escamas, y jabón negro en pasta.





Ahí está. Nada más.
Mis principales tips para el uso:
Loza / vajilla
Una pastilla de jabón de Marsella al borde del lavaplatos, y frotar con el cepillo o la esponja. Encima te evita manipular tres cosas con dos manos, como pasa con la botella de lavaloza.
Ropa
Una taza de jabón negro en el lugar del detergente (ojo con el jabón de Marsella, que hace más espuma). Agregar eventualmente media taza de bicarbonato de sodio, para aumentar la eficacia o blanquear (sin peligro para los colores). Para manchas difíciles, cuellos y bordes de mangas, esparcir un poco de jabón directamente encima y dejar reposar antes de lanzar el lavado. Válido también para lavado a mano y prendas delicadas. Una taza de vinagre en el último enjuague actúa como suavizante si el agua es dura.
Vidrios y espejos
Muy sucios: pasar una esponja con agua jabonosa y secar con limpiacristales de goma. Simples rastros de lluvia: paño con un poco de vinagre.
Pisos
Agua con jabón negro o bicarbonato. El jabón es especialemente bueno para pisos de madera y cerámica antigua, porque su aceite los nutre y los deja con una leve capa protectora, —un mini-encerado, en el fondo. El bicarbonato es útil cuando hay un problema de mal olor, en una superficie de plástico o loza (no usar en madera).
Superficies y objetos
Las más de las veces, ningún producto, sólo pasar un paño de microfibra! Seco, es el mejor quitapolvo, y mojado, arranca grasa y suciedad con gran eficacia. Lavarlo frecuentemente para que no se le forme una capa de mugre ni agarre mal olor. En caso de suciedad más seria, mismos recursos que con los pisos: jabón para desengrasar y nutrir, bicarbonato para desengrasar más y quitar olores, vinagre para desinfectar y quitar rastros de sarro.
Sanitarios
Mojar, espolvorear con un poco de bicarbonato de sodio, frotar con cepillo o esponja, enjuagar. Secar con un paño humedecido con vinagre para evitar rastros de sarro y depósitos de hongos.
Inodoros
Bicarbonato frotado con el cepillo ad-hoc. Rociar bien con vinagre para desinfectar, especialmente las zonas de difícil acceso en donde tiende a acumularse sarro, que a su vez acumula gérmenes y malos olores.
Eliminar sarro
Si hay una capa gruesa de sarro, dejar remojar el objeto una noche en vinagre u otro ácido, como jugo de limón. Objetos que no se pueden remojar, como tuberías y resistencias de máquinas de lavar, se pueden envolver con un paño bien impregnado, cubriendo eventualemente con papel de aluminio para mantener en su lugar y evitar evaporación.
Destapar cañerías
Echar media taza de bicarbonato, y encima vinagre. Esta mezcla desintegra la grasa, restos de comida y pelos. Su lado simpático es que produce un ruidoso burbujeo que encanta a los niños, ocasión perfecta para encargarles su primera tarea hogareña.
Verduras y frutas
Si se trata de eliminar rastros de químicos, bañarlos en agua con bicarbonato. Si es para eliminar posibles gérmenes, agua con vinagre. Inútil enjuagar. Ojo, mejor no hacer los dos al mismo tiempo por la reacción química antes mencionada.
Esos productos no son tóxicos. Tu bebé o tu mascota pueden arrastrarse por el piso y chupetear juguetes. Puedes abrir los ojos en el agua de la tina. ¿No es increíble que aceptemos en nuestras casas unas sustancias peligrosas?




Actualización sobre dónde encontrar esos productos:


Aquí en Chile, se encuentra bicarbonato de sodio en el supermercado, en la zona de las especias. Viene en bolsitas de 30g que cuestan 99 pesos (Jumbo). Al principio me resultó intimidante esta presentación, tenía la impresión de desperdiciar cuando usaba un sobre entero en limpiar un baño. Pero equivale a unos 3300 pesos el kilo, o sea lo mismo que me parecía barato en Francia. Reemplaza ampliamente el mismo valor en productos sintéticos, así que no se cohiban. En cambio, es demasiado cara la oferta en farmacias: 1000 pesos el tarrito de 100g en Farmacias Ahumada, es tres veces el precio, por el mismo producto.


Vinagre de alcohol encontré en el Lider a 399 pesos la botella de medio litro. De nuevo una presentación chica para un uso en limpieza, pero el precio a fin de cuentas es el mismo: apenas más de un euro el litro. Los otros vinagres claros también sirven, y no son mucho más caros.


Lo que no termino de encontrar, es jabón. Está el Popeye, que sirve, pero con su base de glicerina y sus perfumes artificiales, no es ni remotamente tan bueno como los que usaba (y no sé el resto de la fórmula). Por otra parte encontré jabones en base a puros aceites vegetales, pero con muchos refinamientos encantadores que los convierten en productos de cosmética de lujo. Un simple jabón, hecho de aceite con sosa y nada más, barato por sencillo, no encontré a la fecha.


Tal vez sea una idea de negocio...?

jueves, 21 de junio de 2012

Mi living no es un salón

No tengo sofá, no tengo mesa ratona, no tengo tele. En mi living hay: tres pequeños escritorios con computadores, una máquina de coser, un armario lleno de material de dibujo, moldeado y manualidades diversas, una estantería con libros y juguetes, y una gran mesa. De modo que mi living no es un salón sino más bien un taller-escritorio-sala de juegos. Refleja lo que los habitantes de la casa —mis dos hijos y yo— hacemos en nuestro tiempo libre.



Nos hicimos una pieza a medida, pensada justo para lo que nos gusta hacer, de manera de hacerlo cómodos, en un entorno agradable y en compañía. ¿Acaso no concibe todo el mundo su casa según sus gustos y necesidades? Todo el mundo, por supuesto. O sea que si la mayoría de los livings son salones con sofá, mesa ratona y tele, es porque la mayoría de la gente, en su tiempo libre, se instala en el sofá para zapear o recibe a sus amigos alrededor de unas copas. Como en Friends, por ejemplo.




Sin embargo, no siempre es así.
Veo casas donde el living, muy lindo y bien decorado, está más o menos siempre desierto, mientras que las actividades favoritas de los habitantes se desarrollan en otras habitaciones. Típicamente, en una familia, se ponen los juguetes de los niños en su dormitorio. Los niños crecen; se les agrega un escritorio para las tareas, un computador. Como no miran los mismos programas que sus padres, cada uno tendrá su propio televisor, otra vez en el dormitorio. Los hobbies de los grandes como de los pequeños —los caballetes de pintura, las guitarras eléctricas, las bicicletas fijas, etc.— van a la pieza de su dueño,  al garage, al desván, a un armario... algún rincón donde no se los vea. Claro: se lo verá bastante, por decir lo menos, en ese pobre dormitorio que ya era más chico y oscuro. Pero el living: impecable.

Hasta mediados del siglo XX, esquematizando mucho, los hogares modestos tienen una sala para todo uso, mientras que las mansiones burguesas tienen salones en donde se recibe. Cuando las clases medias surgen después de la guerra para conquistar el bienestar material, cada casa empieza a tener un living room calcado en el salón añorado. ¿Será que le quedó pegado ese origen elegante? A pesar de tener a veces la cocina abierta encima, y de incluir a menudo aparatos de la tecnología audiovisual, el living sigue cerrado a todas otras actividades. Éstas son relegadas a habitaciones menos nobles, aun cuando el boom económico las hace cada vez más numerosas.

Ese estado de cosas presenta varios inconvenientes. Uno es el desequilibrio estético y práctico en el hogar: una pieza luminosa y despejada, y otras demasiado llenas, estropeadas en su apariencia y difíciles de limpiar. Otro, es que las personas no están juntas.

Nos quejamos a menudo de los adolescentes que se encierran en sus secretos, de la pérdida de comunicación familiar. Pero ¿cómo asombrarse, si cada uno tiene que hacer sus actividades por su lado? Está muy bien compartir comidas, pero no se puede transmitir toda la actualidad personal de uno en ese reducido contexto. Mientras que si estamos en una misma pieza al ocuparnos, quien de un hobby, quien de una tarea doméstica, nos quedamos naturalmente al tanto de en qué anda el otro, las dificultades que encuentra, los orgullos que cosecha. Los niños tienen este instinto, siempre quieren jugar cerca de los grande y mostrarles a cada rato lo que hacen. Creo que es una inspiración  socialmente muy sana.

Un hogar no debería tener santuario ni zona basura. Debería ser entero un santuario, porque cada actividad de sus ocupantes debería ser respetada. Cosa que significa otorgarle el espacio, el equipamiento y la sociabilidad que le corresponden.

Las piezas de la casa se definen por la actividad que albergan: el baño para lavarse, la cocina para cocinar, el dormitorio para dormir. El living tiene una definición más abierta: es la pieza donde uno pasa el tiempo. Es la más grande y la más clara, para que ahí hagas lo que más le importa. Entonces, para ti, ¿qué es eso? ¿Comer, recibir? ¿Tocar música, cocer, usar el computador? ¿Todo eso a la vez? Tú decides cuáles actividades estarán bien en tu living y cuáles estarán mejor en otro lugar. Pero sin a priori, y a tu medida.

(Post originalmente publicado en francés en mi blog Fondements el 10 de noviembre 2011)

martes, 29 de mayo de 2012

Cucharitas

Aquí les presento mi cajón de cubiertos justo antes de echar a andar el lavavajillas, es decir 48 horas desde la última vez:


Notan algo? Exacto: no hay más cucharitas. De hecho, las dos últimas comidas tuvimos que lavar a mano porque ya faltaban.

Pasa que un juego de cuchillería de 24 piezas está pensado para hacer 6 veces esto:


Mientras que, en la práctica, una comida a menudo se parece a esto:


O esto:



O esto:

Además, no están sólo las comidas: está la preparación, la cucharita para echarle un poco de mostaza a la vinagreta y un poco de crema a la espinaca; están los yogures de medianoche y las compotas de media tarde; están el jarabe para la tos y el antigripal en polvo; y por fin están los accidentes de basura, en los que las diminutas cucharitas son las principales víctimas.

En suma, si me pidieran crear una línea de cuchillería, le pondría el doble de cucharitas.

... Y cuchillos que cortan.

domingo, 13 de mayo de 2012

Gratitud

La primera vez que sentí gratitud por un diseño bien pensado, fue hace 23 años, al usar ese radiodespertador Digicube de Sony que mi mamá me había regalado, et que sigue conmigo.


Tenía ese look simpatiquísimo. Pero tenía sobre todo algo extraordinario: botones que parecían alfabeto Braille. Alguien había pensado en mí y en otros usuarios, ovillados debajo de la frazada, extendiendo a ciegas una mano para manipular nuestro despertador.

Había pensado en lo que podíamos querer hacer: buscar una estación, programar un despertar con sirena o con radio, ajustar la luminosidad, ordenarle apagarse solo si nos dormíamos durante el programa de la noche, o volver a prenderse ocho minutos después de matarlo a la mañana...

Y le había dado a cada botón una forma bien diferenciada para que lo reconociéramos con la yema de los dedos: óvalo para prender, cráter para apagar, gran superficie para posponer la alarma... Había colocado arriba los botones que se aprietan, y a los costados, ruedas que se podían deslizar manteniéndolo en su lugar con la misma mano.







Me llamaba la atención la diferencia con otros radiodespertadores que había manipulado, cuyos comandos iban dispuestos según criterios estéticos, o puramente al azar, y que no tenían esa generosidad de adaptarse al uso que uno le daría. Para colmo, éste se las arreglaba para ser el más lindo.

Tenía once años, y entendí que un diseñador tiene el poder de brindar muchos servicios, —o no.


Este artículo es una traducción del que publiqué en francés el pasado febrero en Fondements.

Vuelvo

A mi último mensaje me salió ponerle el título "Quise quedarme pero me fui". Eso pudo ponerme sobre la pista. Me había ido, queriendo quedarme. Pero no fue hasta hace un mes que caí en la cuenta de que no tenía ganas de construir lo que fuera en mi antiguo país, y que en ese caso no sabía qué estaba haciendo allí, tan lejos de lo que había aprendido a querer.

Así que vuelvo a Chile; tengo pasaje para el 18 de julio. Y vuelvo a mi querido blog.
Como ven los que me siguieron antes, cambiaron unas cosas:

Debido a los problemas encontrados con iWeb, y al abandono del servicio de hospedaje web de MobileMe, decidí pasarme a Blogspot. Copié mis antiguos artículos uno por uno, pues tenía ganas de que siguieran disponibles. Para mi gran pesar, no pude rescatar los comentarios, desaparecieron en la vórtice del bug de iWeb. Es una gran pérdida, porque algunos especialmente me habían dado apoyos y aperturas invalorables. Quedan en mi recuerdo.

El otro cambio es el nombre. Lola Guinda era un nombre bien extraño: en el origen, lo había elegido para una empresa de productos para niños que quería montar. Al final, la empresa nunca vio la luz, y como tenía el dominio, simplemente se lo puse al blog. Pero la verdad, siempre me resultó un poco aniñado para lo que estaba tratando de hacer. Más encima, hay una agencia de diseño que se llama de un modo parecido. Por todo eso, en su nueva existencia, le cambio el nombre a Fundamentos, traducción de su contraparte en francés Fondements, y buena imagen, creo, de mi tendencia a poner en cuestión las bases sobre las cuales concebimos nuestro mundo.

Fundamentos en evidencia: cabañas "tchanquées" en Arcachon, Francia. Foto Cobra Bubbles en Wikimedia Commons